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21 mayo 2017 – La Pascua 06

14 mayo 2017 – La Pascua 05

2017-05-14 La Pascua 05

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El Quinto Domingo de la Pascua

(Blanco)

Tema del día: La Palabra de Dios, que es poderosa y eficaz, nos trae a Jesucristo y nos hace piedras vivas que constituyen el templo de Dios, su santa iglesia.

La Oración del Día: Oh Dios, que haces que los corazones de tus fieles sean de una misma voluntad: Concede a tu pueblo que ame lo que mandas y desee lo que prometes, para que en medio de los numerosos cambios de este mundo, nuestros corazones estén fijos en ti que eres la fuente de los verdaderos goces; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Hechos 17:1-12 — En esta lectura, San Lucas nos muestra como la Palabra de Dios crecía en los días de los apóstoles.  Aun en medio de la persecución, los apóstoles predicaban la Palabra de Dios y muchos creyeron.  Además tenemos el muy buen ejemplo de los cristianos en Berea: ellos no confían en Pablo y Silas, sino escudriñaron las Escrituras para ver si era cierto lo que decían.  Qué nosotros siempre escudriñemos las Escrituras porque en ellas se encuentra la salvación.

El Salmo del Día: Salmo 33

La Segunda Lectura:  1 Pedro 2:4-10 — Jesucristo, la piedra viva, nos hace miembros de su santa iglesia por medio de su Palabra poderosa.  Dios nos ha escogido para ser su pueblo especial y ahora nos anima a compartir las buenas nuevas de la salvación con el resto del mundo.

El Evangelio: Juan 14:1-12 — Por medio del santo evangelio el cual nos dice que Jesucristo es el único camino al cielo, el Espíritu Santo obra la fe en nuestros corazones para que creamos en él para nuestra salvación.  Este mensaje, estas buenas nuevas de la salvación, verdaderamente nos une con Dios y nos hace partícipes de su santa iglesia.

1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. 5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

 

DISFRUTEMOS DE LAS BENDICIONES DE LA PASCUA

Todos queremos hacer de este mundo un pequeño cielo, vemos cuales son las promesas de los líderes políticos los cuales prometen cada vez un mundo mejor, también escuchamos con frecuencia como muchas empresas de negocios nos dicen cómo podemos tener un mundo mejor aquí en esta vida y hasta muchos predicadores de la Biblia solo quiere hacer un pequeño paraíso en este mundo prometiendo bienestar al hombre por el solo hecho de pertenecer a la iglesia.

Jesús en el sermón del Jueves Santo predicó un sermón que nos predica hoy también a cada uno de nosotros en este tiempo de Pascua, recordando todas y cada una de las bendiciones que tenemos al pertenecer solamente a él. Muchas veces nosotros vamos en dirección contraria a estas promesas de Jesús. Tenemos un poco de Felipe que olvidó el camino que Jesús les había enseñado durante todos esos tres años. ¿Cuántos años llevamos en el cristianismo? Uno, diez, veinte, toda la vida podremos responder, pero frecuentemente olvidamos el camino que se nos ha enseñado por medio de las Escrituras que solamente dependamos de Dios en toda esta vida. Olvidamos ser guiados por nuestro Buen Pastor y queremos ser nosotros los que guiamos a Dios por medio de las cosas que podamos hacer por nosotros mismos.

Cada vez el hombre busca ser el centro de este mundo olvidando darle el lugar que le corresponde a Dios, y esto sucede cuando también queremos hacer de nuestras vidas un pequeño cielo olvidando hacer tesoros en el cielo. Cada vez estamos más afanosos para hacer las cosas por nosotros mismos. Pensamos que el dinero es la solución de todos nuestros problemas. Pensamos que entre mejor estemos preparados en esta vida vamos a tener todo en control olvidando que aún cada uno de nosotros respiramos únicamente por la voluntad de Dios. Y es así como olvidamos disfrutar de las bendiciones que vienen de Dios y preferimos disfrutar de las bendiciones que nosotros mismos podamos proveer. Esto es pecado ya que el hombre confía en sí mismo y se cumple lo que dice:  Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre (Jeremías 17:5). Cuando ponemos la confianza en nosotros mismos, desconocemos las bendiciones que Dios nos da y confiamos en nuestras propias bendiciones que podamos adquirir por nuestros propios medios. Esto nos lleva al infierno.

Pero el Espíritu Santo por medio de la obra de Cristo ha vencido esa falta de confianza que nosotros producimos y nos da unas palabras que están llenas de promesa que nos dice: 1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. En otras palabras, Jesús nos dice que no tenemos por qué preocuparnos por las cosas de este mundo porque en este momento somos creyentes y solamente confiemos en el futuro verdadero que nos espera, el cielo.

Nuestro Salvador nos dice que hay un lugar preparado para cada uno de nosotros en el cielo, pero este lugar nosotros no lo hemos comprado como si pudiéramos conseguir una franquicia. Este lugar dado a cada uno de nosotros solamente llega por la misericordia de Dios la cual mostró por medio de Jesús. Jesús nos dice en este pasaje que si creemos en Dios también creemos en él. Y el motivo de hacerlo lo predica Pedro como lo vemos en la primera lectura para este día: 1 Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo* discutió con ellos, 3 declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. (Hechos 17:1-3). Todo lo que Jesús sufrió lo hizo para quitarnos el pecado de la falsa confianza en nosotros y cargó con este pecado nuestro.

Pero también encontramos en él que es una piedra preciosa como lo expone el mismo Pedro al decir: 6 Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado (1 Pedro 2:6). Jesús es la piedra del ángulo, escogida y preciosa porque sí complació al Padre confiando siempre perfectamente en él. Esto lo hizo para que nosotros estemos fundamentados sobre esta piedra el cual está en el cielo en este momento esperándonos porque ha preparado un lugar para cada uno de nosotros. Él mismo lo ha prometido al decirnos: 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. ¡Que profunda promesa y bendición! Nosotros vamos a estar en el cielo, en donde él está, solamente por su misericordia.

Otra bendición que encontramos en Jesús es que nos quiere mantener en el camino como lo dice en este versículo: 4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Pero el diablo siempre quiere desviarnos del camino. Tomás nos representa muy bien en esto cuando 5Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? No solamente él tuvo dudas del camino mostrado por las Escrituras, sino cada uno de nosotros también en algún momento nos dejamos desviar de este camino tan seguro poniendo la confianza en cada uno de nosotros. Pero Jesús siempre muestra esa misericordia por cada uno de nosotros, así como la mostró con Tomás. Nos asegura en su camino con esta otra bendición: 6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. ¡Qué seguridad la cual nos da Jesús a cada uno de nosotros en este momento! Solamente vamos al Padre por él, es una manera más de explicarnos cómo mantenernos en el camino verdadero y es creyendo en él.

Tenemos la seguridad que solo pertenecemos a él y que nunca nos va a soltar. Por esto cada uno de nosotros mantengamos la confesión de fe que dice: Jesús es mi camino, es la verdad y la vida la cual nunca nos dejará solos en esta vida. Y nosotros por medio de las Escrituras conocemos la misericordia de nuestro Dios mostrada en Jesucristo: 7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Nosotros no vimos a Jesús con nuestros propios ojos, pero sí por medio de los ojos de la fe le conocemos porque la Escritura solo nos muestra y nos guía en Jesús. Nosotros conocemos muy bien a Jesús porque él hizo lo que nadie puede hacer por nosotros, esto es ser nuestro Salvador que junto con el Padre solo quiso salvar al hombre.

Felipe en verdad nos representa muy bien porque la duda en la vida eterna a veces es puesta por el diablo en cada uno de nosotros. El evangelio nos enseña cómo el diablo quiere quitarnos esta bendición: 8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. Jesús conocía el corazón de Felipe como conoce el nuestro, y por esto no quiere que nos perdamos. Es así como nos mantiene en la fe a todos nosotros dándonos la seguridad que al Padre y a él solo le interesa que creamos en todas las obras que Jesús hizo porque es nuestro sustituto. Cada uno de nosotros disfrutamos de la bendición del estar unidos al Dios Trino que nos mantiene en el camino verdadero de la vida eterna.

La última bendición que recibimos en este domingo por medio de la Palabra de Dios es la seguridad de que nuestras oraciones tienen un sello especial: 12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Este sello es que cada vez que oramos lo hacemos en el nombre de Jesús. En otras palabas, al ser nuestro mediador se nos da la seguridad que todo lo que pidamos en su nombre nos será concedido y sobretodo las peticiones que hacemos en cuanto al mantenernos en este camino que es verdadero. Ésta es la gran bendición que recibimos por medio de la resurrección de Cristo en esta Pascua.

Amén.

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07 mayo 2017 – La Pascua 04

2017-04-23 La Pascua 02

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El Segundo Domingo de la Pascua

(Blanco)

Tema del día: Hoy vemos el testimonio seguro de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.  Qué el Espíritu Santo fortalezca la fe en nuestros corazones al escuchar este testimonio para que tengamos la certeza de que nosotros también viviremos eternamente con él.

La Oración del Día: Concede, te suplicamos, todopoderoso Dios, que los que hemos celebrado la resurrección de nuestro Señor podamos con la ayuda de tu gracia producir los frutos de la misma en nuestra manera de vivir; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Hechos 2:14a, 22-32 — Lleno del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, San Pedro dio testimonio de la muerte y resurrección de Jesucristo.

El Salmo del Día: Salmo 16

La Segunda Lectura: 1 Pedro 1:3-9 — La resurrección de Cristo nos da la esperanza segura que aunque no lo podemos ver a él ahora, lo vamos a ver cuando recibamos nuestra herencia en el cielo.  Esta seguridad nos ayuda a seguir en este mundo en medio de pruebas y dificultades.

El Evangelio: Juan 20:19-31 — En esta lectura, San Juan nos dice como Cristo apareció a los discípulos probando que había resucitado de entre los muertos.  Pero uno de ellos, Tomás, el cual no estuvo presente, no iba a creerlo hasta que viera una «prueba» que Cristo había resucitado.  En su misericordia, Cristo apareció a ellos otra vez y dio a Tomás las pruebas que había pedido.  Sin embargo, ¡bienaventurados los que no ven, y todavía creen!

19Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: «Paz a vosotros.» 20Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. 21Entonces Jesús les dijo otra vez: «Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.» 22Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. 23A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.»

24Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25Le dijeron, pues, los otros discípulos: «Al Señor hemos visto.» Él les dijo: «Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.»

26Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» 27Luego dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» 28Entonces Tomás respondió y le dijo: «¡Señor mío, y Dios mío!» 29Jesús le dijo: «Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.»

30Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

 

JESUS NOS AYUDA EN NUESTROS MIEDOS

Todos los que estamos aquí hemos vivido el sentimiento del miedo que consiste en tener una sensación de angustia que lo produce un peligro o algo que pasará y no nos beneficie. Este miedo produce en cada uno de nosotros estrés y desconfianza. Este miedo que nosotros hemos sentido es el mismo que los discípulos han sentido después de la muerte de su maestro. 19Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos. Este miedo que ellos sentían era normal porque vivieron y vieron como los enemigos de su Señor hicieron hasta lo imposible para deshacerse de él.

El miedo que produce los enemigos nos llevan muchas veces a que cometamos errores graves. Por ejemplo, los discípulos podrían haber querido dejar de seguir a Jesús a causa de sus perseguidores. Pero este deseo de abandonar la fe por miedo no solamente lo podemos ver en estos discípulos sino en cada uno de nosotros también. Las Escrituras nos dicen: 37El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí (Mateo 10:37-38). Las veces que hemos sido perseguido por las personas cercanas a nosotros, las veces que llegan los problemas, las enfermedades, el desempleo, decidimos mucha veces mejor apartarnos de la fe por el miedo que produce todas estas circunstancias. El diablo sabe usar muy bien el miedo que se produce en nosotros para hacer que nosotros perdamos la fe y así llevarnos al infierno.

Jesús siempre sabe llegar en el momento más indicado en nuestras vidas. Este evangelio nos muestra este actuar de nuestro Salvador. Vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: «Paz a vosotros.» Lo primero que hizo Jesús es recordarles el motivo por el cual no deberían tener miedo a los enemigos, porque el enemigo superior que es el diablo ya fue vencido. Por este motivo Jesús les dice: «Paz a vosotros.» Esto quiere decir que Dios ya había solucionado el principal problema entre Él y no solamente los discípulos sino todo el mundo que es el pecado.

Esta paz ganada por Jesús se ve reflejada en su cuerpo: 20Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. En sus manos y el costado estaba reflejado el precio de esta paz. Él con su sufrimiento y muerte ganó esta paz que nosotros no merecemos y vemos que también ya no tenemos por qué tener miedo a las acusaciones de nuestro enemigo porque en su vida perfecta encontramos esa paz por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (Hebreos 7:25). Vemos como en la vida de Jesús podemos acercarnos a Dios porque Jesús constantemente está intercediendo por cada uno de nosotros ya que con su vida perfecta ha ganado la paz para cada uno de nosotros.

La Biblia nos dice: Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mateo 10:28). No tengamos miedo a los hombres y más a los enemigos que usa el diablo para intimidarnos porque ya estamos en las manos de Dios. Él nos ha ganado a cada uno de nosotros por medio de Jesucristo y también ya sabemos que Dios no nos mandará al infierno que es el único que tiene el poder para eso y por amor a cada uno de nosotros sabemos y creemos lo que hizo con su Hijo por cada uno de nosotros. Ya que estamos sin temor, veamos como nuestro Dios por medio de la bendición de la Pascua nos quiere bendecir.

Enviándonos a otros que están llenos de temor en este momento: 21Entonces Jesús les dijo otra vez: «Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.» 22Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. 23A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.» La bendición de llevar esta paz a los hombres está sobre cada uno de nosotros. Jesús no solamente envió a sus discípulos sino también a cada creyente que hay en el mundo con el fin de quitar el miedo al hombre por el pecado que existe dentro de él mismo. Y tenemos el apoyo del mismo Dios. Aquí en este pasaje Jesús sopló sobre sus discípulos para darles el Espíritu Santo. Pero no lo hizo por el hecho de que no lo tuvieran, ellos eran creyentes y ya el Espíritu Santo vive dentro de ellos, sino que Jesús lo hizo para recordarles que no estaban solos en este trabajo de llevar a las personas el mensaje de salvación. Lo que ellos iban a hacer, al igual que nosotros como creyentes estamos llamados a esto, es ganar personas para el reino de los cielos.

Y esto se hace de esta manera: 23 «A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.» Remitir es lo mismo que perdonar, y la Biblia nos enseña que se le da el perdón de los pecados a quien se halla arrepentido. Y sabemos todos nosotros que al arrepentimiento se llega por medio de la predicación de la ley, la cual nos muestra que somos pecadores y le muestra al hombre pecador que lo es. Así lo enseña San Pablo en Romanos 7:7, Porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: «No codiciarás.» Después de conocerse que somos pecadores y la consecuencia de ese pecado que nos lleva a la condenación en el infierno queda solo una cosa: llevarnos a Cristo. Es por medio de su obra que todo hombre recibe el perdón de los pecados. Y si la persona por su incredulidad no quiere arrepentirse, no es llevado a Cristo. Se le muestra que por no creer en Jesús como su Salvador el infierno le espera. Entonces nuestro Dios nos ha dado esto que llamamos el oficio de las llaves donde cada creyente puede abrir o cerrar el reino de los cielos a otras personas. Y sabemos que se abre el reino de los cielos al creyente y se le cierra al incrédulo.

También tenemos la bendición del amor de nuestro Dios aún en medio de nuestras dudas. Estas dudas son aquellas donde no creemos que nuestro Dios está al cuidado de todos nosotros. La sección de este evangelio nos dice: 24Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25Le dijeron, pues, los otros discípulos: «Al Señor hemos visto.» Él les dijo: «Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.» Nosotros olvidamos fácilmente lo que Dios ha hecho por cada uno de nosotros. Olvidamos rápido su poder y las cosas que él mismo ha hecho por cada uno de nosotros. Pero vemos como Jesús mostró su amor al terco Tomás y también lo muestra a cada uno de nosotros que olvidamos que sólo somos instrumentos de él. Nosotros no somos los que convertimos a las personas. Nosotros no actuamos por medio de nuestra elocuencia, es decir lo que convence a las personas no son nuestras palabras sino el poder de la Palabra de Dios.

Queremos ser personas que vemos hechos, realidades, al igual que Tomás meter nuestro dedo en las heridas de Cristo para saber si él en verdad está con nosotros en la tarea de llevar su palabra a otros. Nos dice este evangelio: 26Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» 27Luego dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Jesús no es una persona que podamos llamar alcahuete. Él hizo esto por Tomás movido por su amor. No quería que Tomás tuviera dudas que lo llevara a la incredulidad, y tampoco quiere Jesús que nosotros nos dejemos llevar por las dudas. Por esto nos ha dejado su Palabra. La Biblia es el único testimonio verdadero de nuestro Dios donde encontramos cada uno de nosotros la fidelidad de nuestro Dios. Es lo único donde podemos encontrar estas palabras «no seas incrédulo, sino creyente.» Cada vez que la duda nos llegue en nuestro trabajo de evangelizar a otros y creamos que no somos tan buenos en hacer este trabajo, vayamos a la Biblia que nos recuerda que las personas que llegan a la fe es por el poder del Espíritu Santo que usa la Palabra y los sacramentos para esto.

El ser creyentes nos lleva a una última bendición que vemos en este evangelio para este día: 28Entonces Tomás respondió y le dijo: «¡Señor mío, y Dios mío!» 29Jesús le dijo: «Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.»

30Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. Nosotros no vimos, ni fuimos testigos oculares de todo lo que Cristo hizo por nosotros y por el mundo para dar el perdón de los pecados. Nosotros hacemos parte de los que sin ver creemos y por eso tenemos la bendición de ser bienaventurados. Para nosotros es suficiente lo que hay en la Biblia porque sabemos que el mensaje que hay tiene el único fin de salvarnos, de tener vida en el nombre de Cristo. Estamos convencidos que Jesús hizo muchas otras cosas que no sabemos y que la Biblia no registra, pero las Palabras que hay son las únicas suficientes y necesarias para que no solamente nosotros vayamos al cielo sino que seamos usados por nuestro Dios para que otros lleguen a este mismo camino de salvación por la obra de Cristo que es Dios y Señor nuestro que nos quita todos nuestros miedos.

Amén.

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23 abril 2017 – La Pascua 02

2017-04-16 La Pascua de la Resurrección

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La Pascua de la Resurrección

(Blanco)

Tema del día: Nos congregamos en este día de la pascua de resurrección para escuchar las buenas noticias de que Jesucristo ya no está muerto.  Resucitó de entre los muertos.  ¡Ya vive!  Este hecho de que él vive, nos asegura que nosotros también viviremos eternamente con él en su reino.  Qué siempre fijemos la mirada en él, quien es nuestra vida.

La Oración del Día: Todopoderoso Dios Padre, por tu Hijo unigénito, Cristo Jesús, has vencido la muerte y has abierto la puerta de la vida eterna.  Concede que nosotros que gozosamente celebramos el día de la Resurrección de nuestro Señor, seamos resucitados de la muerte del pecado por tu Espíritu vivificante; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Jonás 2:2-9 — Jesucristo nos dice que así como el profeta Jonás estaba en el vientre del gran pez por tres días, él también iba a estar en el vientre de la tierra, o sea, en la tumba por tres días y luego resucitar de entre los muertos.

El Salmo del Día: Salmo 118

La Segunda Lectura: Colosenses 3:1-4 — ¡Qué nuestro Señor resucitado siempre sea el enfoque de nuestra vida aquí en este mundo!

El Evangelio: Mateo 28:1-10 — Jesucristo, temprano por la mañana en el domingo de la resurrección, apareció a unas mujeres, probando la victoria que había ganado sobre la muerte.

1Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

2Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.

5Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: «No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.»

8Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: «¡Salve!» Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.

10Entonces Jesús les dijo: «No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.»

 

NO TEMAN. VAYAN Y DEN LA NOTICIA A MIS HERMANOS

Hemos escuchado desde la profundidad del evangelio: Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. (Lucas 23:46). Todo lo que queda después de la muerte son palabras de despedida, palabras de gratitud hacia la persona que ha muerto. Lo que queda después de la muerte es un silencio en nuestro corazón. Todos esos mismos sentimientos no solamente lo sintieron María la madre de Jesús sino también todos sus seguidores. Todos ellos tenían miedo a que los enemigos de Jesús les pudieran hacer después de asesinarle, y en sus corazones solamente podían estar la palabras del Salmo 118:5-6  Desde la angustia invoqué a JAH, Y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso. Jehová está conmigo; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.

Esta angustia que vivían ellos solo los podía llevar al mensaje que iban a escuchar desde el lugar donde Jesús fue sepultado. Este evangelio nos cuenta como los discípulos de Jesús, contando algunas mujeres, estaban esperando ansiosamente que pasara el día de reposo porque recordemos que como judíos guardaban este día en obediencia a la ley dada por Moisés. 1Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Ellas aún guardaban el día de reposo porque aún los discípulos de Jesús y todos los judíos no habían entendido que ese día de reposo apuntaba a aquel que estaba en la sepultura en ese momento, que en Jesús encontraban el verdadero reposo que puede tener el hombre, el descanso de su alma por toda la eternidad en el cielo.

Dios siempre que actúa con su Palabra usa eventos sobrenaturales: 2Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Este terremoto que registra Mateo no sabemos las consecuencias de destrucción que tuvo en Jerusalén, pero sí sabemos que fue la antesala del mensaje que iban a escuchar estas dos mujeres que fueron a la tumba. En sus mentes estaba aún el momento en que una gigantesca piedra separaba a su maestro muerto y a ellas que quedaron vivas, pero cuando llegan ese domingo temprano se dan cuenta que ese obstáculo ya no estaba porque Dios envío a un ángel para que removiera ese obstáculo y vemos como se sentó sobre esta piedra. Mateo nos habla de este ángel que tiene un aspecto de relámpago y su vestido blanco muestra la santidad que tienen todos aquellos que están delante de Dios.

Vemos como se nos muestra en este pasaje una vez más que el hombre pecador no puede estar delante de Dios por sus propios medios: 4Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Estos guardia incrédulos no pudieron asimilar esta situación y por esto el temor que los embargó les llevó a desmayarse y nos muestra como ellos fueron también testigos de lo que estaban viendo las mujeres. Esto nos recuerda lo que pasará con los incrédulos en el fin del mundo, en Apocalipsis 6:16-17 16y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

Pero también estas palabras nos recuerdan el mensaje de la ley para cada uno de nosotros, en la lectura del Nuevo Testamento tomada de Colosenses 3:1-3 1Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Tenemos que reconocer que se nos olvida poner nuestras miradas arriba en el cielo. Cada vez que pecamos estamos poniendo nuestra mirada en la tierra. Muchas veces hemos puesto nuestra confianza en nosotros mismos porque creemos que la manera en la cual Dios actúa es muy lenta. Queremos que Dios tome en cuenta nuestro tiempo y no el de Él, y por esto es más importante para nosotros saber cuánto dinero hay en nuestra billetera, necesitamos saber que tan prósperos podemos ser con nuestros trabajos, necesitamos tener la confianza en nosotros porque siempre hay una frase que decimos “si quieres que algo salga bien, hazlo por tus propios medios”. Todas estas cosas son pecado porque nos lleva a confiar en el hombre y no en Dios, y esto también nos hace sentir el temor de estos hombres que cayeron como muertos porque nos recuerda que merecemos ir a este lugar que nos menciona Isaías 66:24 porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará.

El mensaje de este domingo de Pascua nos lleva a poner nuestras vidas buscando las cosas de arriba. Nosotros las podemos buscar por la obra del Espiritu Santo. Somos iguales al ladrón en la cruz que reconoció su pecado y creyó en su Salvador. Somos como estas mujeres que necesitaban de su Señor, y por esto el Espiritu Santo puso en ellas el deseo de ir de nuevo a la tumba, y esto sucedió para que escucharan el mensaje poderoso de ese domingo de Pascua: 5Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

Este mensaje que viene del cielo nos enseña que vamos en el sentido indicado en nuestras vidas porque Jesús que fue crucificado por culpa de nuestros pecados y en Colosenses 1:14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. Con su muerte preciosa tenemos el perdón de todos nuestros pecados, y más con su resurrección encontramos la seguridad que Satanás no tiene poder sobre nosotros porque la muerte ha sido vencida. 6No está aquí, pues ha resucitado, son las palabras que nos guían a nuestra muerte porque también nos ratifica que nosotros resucitaremos para estar con él en el cielo por toda la eternidad. Desde el más niño hasta el más anciano de nosotros esperamos la muerte ansiosamente porque por medio del ella llegaremos a nuestro verdadero hogar, y cada vez que leamos la Palabra de Dios encontraremos como Jesús vivió perfectamente para salvarnos a cada uno de nosotros porque nuestras obras están llenas de pecado 9quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. (2 Timoteo 1:9).

Hoy es un día de temor y gran gozo así como lo dice este evangelio: 8Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos. Este temor está relacionado con la reverencia a nuestro Dios que solo la predicación de la ley y el evangelio puede producir en cada uno de nosotros donde tomaremos en serio lo que nos enseña la Palabra de Dios, y de gran gozo porque hoy estamos viendo con los ojos de la fe todo lo que hizo nuestro Señor por cada uno de nosotros. El día que muramos saldrá al encuentro, así como lo hizo con estas mujeres, 9he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: “¡Salve!” Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10Entonces Jesús les dijo: “No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.”

El día que cerremos los ojos a este mundo al primero que veremos es a nuestro Señor, y estaremos allí en el cielo adorándole como lo enseña Apocalipsis 7: 9-10 9Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; 10y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.

Por esto les animo para que sigamos juntos poniendo nuestros ojos arriba en los cielos y pidiendo en oración por cada uno de nosotros para que no seamos desviados del cielo con las cosas de este mundo. Para esto necesitamos estar juntos como un solo cuerpo alimentándonos del verdadero mensaje que encontramos únicamente en la Palabra de Dios que cada vez nos dice: NO TEMAN; VAYAN Y DEN LA NOTICIA A MIS HERMANOS.

Amén.

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16 abril 2017 – Domingo de la Resurrección

29 mayo 2016


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20160529 Pentecostes 03

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El Segundo Domingo después de Pentecostés

(Verde)

Tema del día: : El Señor es digno de confianza porque siempre cumple con sus promesas.  En las lecturas para esta mañana y por medio del Rey Salomón, San Pablo y el centurión de gran fe, nuestro Dios nos muestra su fidelidad.

La Primera Lectura: 1 Reyes 8:22-23, 41-43 — En su dedicación del templo de Dios, Salomón alaba al Dios fiel que siempre cumple con sus promesas.

El Salmo del Día: Salmo 100

El Segunda Lectura: Gálatas 1:1-10 — San Pablo regaña a los gálatas por alejarse del evangelio.  Sólo hay un evangelio verdadero y salvador, aparte de él no hay salvación.

El Evangelio: Lucas 7:1-10 — Jesús sana al siervo de un centurión.  Nuestro Salvador se maravilló de la fe del centurión gentil porque no confió en su propia fuerza ni autoridad, sino en Dios y en sus promesas.

1 Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum. 2 Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. 3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. 4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.

6 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano. 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

 

APRECIEMOS EL DON QUE NOS DA EL ESPIRITU SANTO LA FIDELIDA

Cuando nos paramos frente a la palabra fidelidad nos damos cuenta que es un don que ninguno de nosotros lo tenemos. Prometemos fidelidad a nuestras parejas cuando nos casamos y cada día fallamos a nuestros matrimonios. Prometemos fidelidad a nuestro Dios y con frecuencia dejamos que sea la conciencia quien nos guie y no la Palabra de Dios. Prometemos fidelidad a los hermanos en la fe y a los amigos cuando nos cuentan sus cosas y  les fallamos porque no sabemos guardar secretos. Pero no somos los únicos que somos infieles. En la Biblia hay muchos ejemplos del pueblo de Dios que fueron infieles a Dios, al matrimonio y a los amigos.

Cuando pensamos en alguien que fue infiel a Dios pensemos en el rey Saúl en 1 Samuel 15 aprendemos  1 Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová. 2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. 3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.  Saúl no hizo lo que Dios le mandó en su palabra, se dejo llevar de su conciencia, de su viejo hombre y sucedió lo siguiente: 7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur,que está al oriente de Egipto. 8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. 9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.  Fue infiel a la Palabra de Dios y a Dios mismo y por esto su incredulidad lo llevó a asesinarse e ir al infierno.

Vemos infidelidad entre amigos y esto lo aprendemos en el Nuevo Testamento con Judas y Jesús como lo registra Mateo 26:14-16 14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15 y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. 16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.  La infidelidad está relacionada con la falta de agradecimiento y esto desafortunadamente nos lleva a pecar en contra de Dios del prójimo y aún en contra de nosotros mismos y todo pecado nos recuerda que merecemos el infierno.

Este hombre gentil del evangelio para el día de hoy es de mucha enseñanza para cada uno de nosotros porque él por obra del Espíritu Santo pudo unir la fidelidad con el agradecimiento. No es el primer ejemplo que vemos en la Biblia de personas gentiles que fueron agradecidos con Dios juntando la fidelidad con el agradecimiento a Dios por obra del Espíritu Santo. El Antiguo Testamento nos habla de Rut cuando le contestó a su suegra Noemí 16 Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. (Rut 1:16.)  Y en el Nuevo testamento sabemos del samaritano que fue curado junto con otros diez más leprosos 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? (Lucas 17:15-18.)

Después de ver estos ejemplos de los que han sido fieles a Dios sacamos la conclusión de que todo esto es por la obra del Espiritu Santo que actúa por medio de la Palabra de Dios y no es la excepción este centurión. Jesús llegó en el momento indicado a Capernaum, fue para constatar que había un hombre gentil que creía en él como su Salvador y después de predicar lo que conocemos como el sermón del monte nos dice este evangelio que Jesús llegó a Capernaum. 1 Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.

Lucas nos presenta dos visitas de Jesús a este lugar, la primer visita la registra en Lucas 4:31-37 31 Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo. 32 Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. 33 Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, 34 diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. 35 Y Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno. 36 Y estaban todos maravillados, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen? 37 Y su fama se difundía por todos los lugares de los contornos. No solamente mostró que es Dios al hacer este milagro sino que todos los que estaban allí estaban maravillados por la Palabra que estaba enseñando Jesús y al estar viva la Palabra de Dios esto quiere decir que hay creyentes hablando de ella. Todo Capernaum estaba escuchando de Jesús y muchos creyendo en él y hablando de él, pero algo que nos relata este evangelio es que esta sinagoga no la habían construido los judíos sino un gentil, alguien que era creyente pero no lo sabían muchos y que era hora de que lo supieran.

Este hombre es el que estaba esperando a Jesús ansiosamente porque era una persona que tenía autoridad pero amaba a sus siervos como lo dice Lucas: 2 Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. 3Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. 4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Era evidente para muchos judíos que este hombre estaba de acuerdo con la adoración al Dios verdadero. Era evidente que este hombre con poder actuaba como un creyente al amar a su siervo que estaba pronto a morir, y es evidente la confianza que puso este hombre en Jesús al mandar a llamarlo porque sabía que era el único que podía ayudarle.

Jesús como Dios en su omnisciencia sabía que este hombre era creyente y por este motivo no dudó en ir a ayudarle a su discípulo el centurión.  6Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano. Este centurión sabía que no era digno de estar delante de Jesús porque era un hombre pecador y por esto por obra del Espíritu Santo hizo que este hombre fuera fiel al decir que un hombre Santo como Jesús no podía entrar a la casa de un hombre pecador.

Este hombre fue fiel a Dios porque confió en el poder de su Palabra y con confianza dijo: dí la palabra, y mi siervo será sano. Es este mismo poder que nos ha convencido de nuestra infidelidad a Dios y a su Palabra que nos muestra que merecemos ir al infierno por culpa de nuestra infidelidad pero también es por medio del poder de esta Palabra que se nos da la fe en Jesús porque él sí fue fiel perfectamente a la Palabra de Dios y esto lo demostró al enseñarla a todos como lo hizo aquí en Capernaum al demostrar que por el poder de su Palabra se curó el siervo de este centurión creyente. 10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo. Y es por Jesús que Dios nos ve fieles a la Palabra de Dios y por esto Jesús fue castigado por Dios en vez de nuestro lugar como lo dice con todo poder 2 Corintios 5:21 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Ahora nosotros vamos a seguir siendo fieles a la Palabra de Dios como lo hizo este centurión al confiar en cómo funciona su poder comparándolo con su oficio como dice: 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.  Por esto es necesario que escuchemos bien lo que dice san Pablo en la segunda lectura para este día: Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. (Gálatas 1:8)

Necesitamos seguir predicando la ley y el evangelio para que no nos dejemos llevar por mensajes de hombres. Como creyentes nuestra fuente de doctrina seguirá siendo la Biblia y no canales como enlace o los comentarios radiales de pastores que enseñan al hombre a dejar de hacer obras o hacer obras para salvarse. Es solo un mensaje de la Palabra de Dios que solamente señala a Cristo como nuestro único camino para ir al cielo y por este motivo Dios se maravillará de cada uno de nosotros así como lo hizo con este centurión y se nos dice en este momento por nuestra fidelidad a Dios dada por el Espíritu Santo: 9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

Amén.

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