2019-09-22 – Pentecostes 15

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El decimoquinto domingo después de pentecostés

(Verde)

Tema del día: El cristiano, motivado por el amor y la humildad de su Salvador Jesucristo, va a buscar la verdadera humildad. En un mundo lleno de orgullo y egoísmo, el cristiano humildemente muestra amor y se jacta solamente en su Salvador.

La Colecta: Oh Señor omnipotente, Autor y Dador de todo lo bueno: Implanta en nuestros corazones el amor hacia tu nombre, aumenta entre nosotros la verdadera religión, aliméntanos con toda bondad, y haz brotar en nosotros el fruto de las buenas obras; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Proverbios 25:6-7 El orgullo no tiene lugar en la vida de un hijo de Dios.

6 No te alabes delante del rey,

Ni estés en el lugar de los grandes;

7 Porque mejor es que se te diga: Sube acá,

Y no que seas humillado delante del príncipe

A quien han mirado tus ojos.

El Salmo del Día: Salmo 119

Alef

1 Bienaventurados los perfectos de camino,

Los que andan en la ley de Jehová.

2 Bienaventurados los que guardan sus testimonios,

Y con todo el corazón le buscan;

3 Pues no hacen iniquidad

Los que andan en sus caminos.

4 Tú encargaste

Que sean muy guardados tus mandamientos.

5 ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos

Para guardar tus estatutos!

6 Entonces no sería yo avergonzado,

Cuando atendiese a todos tus mandamientos.

7 Te alabaré con rectitud de corazón

Cuando aprendiere tus justos juicios.

8 Tus estatutos guardaré;

No me dejes enteramente.

La Segunda Lectura: Hebreos 13:1-8 El cristiano, motivado por el amor de su Salvador eterno, buscará mostrar el verdadero amor a todos.

1Permanezca el amor fraternal. 2No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. 3Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo. 4Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. 5Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; 6de manera que podemos decir confiadamente:

El Señor es mi ayudador; no temeré

Lo que me pueda hacer el hombre.

7Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. 8Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

El Versículo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! Cuando se presentaban tus palabras, yo las comía; tus palabras eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón. ¡Aleluya!

El Evangelio: Lucas 14:1,7-14 Cristo nos anima a mostrar humildad y amor en todo lo que hacemos.

1Aconteció un día de reposo,* que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban.

7Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: 8Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, 9y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. 10Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. 11Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.

12Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.

EL ESPIRITU SANTO NOS DA EL DON DE LA HUMILDAD PERSEVEREMOS EN ESE DON

Sabemos que cuando hay un concierto de un grupo musical que nos gusta tratamos de comprar las mejores boletas para estar lo más cerca posible a nuestra agrupación musical, por eso es que existen en los conciertos lugares que son llamados los VIP para que se pueda estar lo más cerca que se pueda de la agrupación que estamos escuchando, también nos damos cuenta que entre más lejos estemos del escenario menos vamos a disfrutar del concierto en el cual estamos participando, siempre los primeros lugares son nuestros favoritos.

Hoy el Espíritu Santo va a trabajar en nosotros recordándonos lo importante del don de la Humildad, lo llamamos un don porque la Biblia lo describe de esa manera revestíos de humildad 1 Pedro 5:5, este termino de ser revestidos nos muestra que el Espíritu Santo hace que esta humildad sea un rasgo distintivo de la actitud cristiana el cual olvidamos con frecuencia porque nuestra carne siempre tiende a que seamos soberbios o altivos. La Soberbia o altivez es un sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos y nuestra carne pecaminosa sabe alimentar esto muy bien porque le gusta sentirse superior al otro y demostramos que somos superiores a otros por el hecho de tener mejor ropa, mejor educación, o que vivimos en un barrio de un estrato alto o porque creemos que tenemos una buena posición en nuestro trabajo nos metemos en nuestra mente que tenemos el derecho de ser soberbios o altivos sobre los demás, y es donde escuchamos frases como “¿Usted no sabe quién soy yo?” o “te demostraré con quien te has metido y te arrepentirás” y cualquier sinfonía de palabras y frases que tratan de humillar al otro.

Esta soberbia o altivez fue la actitud que Jesús vio de los fariseos que estaban invitados en esa boda 1Aconteció un día de reposo,* que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban.7Observando cómo escogían los primeros asientos. Nos podemos imaginar el rostro de nuestro Señor al ver como estos querían tener los primeros asientos y tal vez no querían estar sentados al lado de algún pecador como ellos consideraban a los publicanos y prostitutas y también creían que al estar en los primeros asientos iban a ser atendidos de la mejor manera. Pero esta actitud pecaminosa es del infierno y merece ser castigada allá eternamente porque es un pecado en contra el quinto mandamiento ya que Dios con este mandamiento nos enseña a ser pacientes y bondadosos pero la soberbia y altivez hace que estemos lejos de Dios como lo enseña el Salmo 138:6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos. Esta lejanía que nos presenta el Salmo muestra el mismo castigo que merece este pecado en contra del quinto mandamiento en el infierno eterno donde el pago por ser soberbios o altivos es consumido en el lago eterno consumidor.

Nuestro pecado y muerte espiritual nos hacían no solamente estar lejos de Dios sino que la impenitencia nos alejaba mucho más porque considerábamos que éramos mejores que Dios, qué Él es un Dios lejano y no se preocupa del hombre y porque no le prestamos atención a sus mandamientos puesto que creíamos que nos quitaba la verdadera libertad, y Dios al conocer nuestro corazón lleno de altivez y soberbia quiso restaurarlo por medio de Cristo Jesús y esto lo hizo enviándolo a este mundo; San Pablo cuando escribió a los hermanos de Filipos mostró la actitud humilde de Jesús quien siempre nos motiva a ser humildes por esto dice este texto bíblico 3Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2:3-8. No podemos ser iguales a la perfección de Cristo Jesús pero sí podemos disfrutar y dar gracias por su sustitución a cada uno de nosotros, en estos versículos vemos como Jesús muestra su humildad perfecta de varias maneras; la primera manera de mostrarla fue al dejar su Reino en los cielos, dejó la comodidad del cielo para venir y habitar en medio de nosotros no aferrándose a ser Dios, vivió en este mundo sin ser de este mundo porque nada de este mundo le importó para sentirse superior a nadie, Él nos puso a cada uno de nosotros superior a Él y es por esto que nos sirvió perfectamente llevando una vida cumpliendo toda la voluntad de Dios y mostró toda su humildad al dejar que le llevaran a la cruz y allí pagar no solamente por todos los pecados de la humanidad sino que también venció nuestra soberbia y altivez frente a Dios y su Palabra. El Espíritu Santo hizo que nosotros por la misericordia de Dios seamos 3Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5:3. Ser pobre de espíritu es reconocer que no somos capaces de salvarnos o ganar el perdón de nuestro pecado por nuestros propios méritos sino que por medio de Jesús se nos ha dado el Reino de los Cielos y esto es lo que hace que consideremos el amor del Padre en nuestras vidas porque el Espíritu Santo nos ha dado el don de la humildad para que 3Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Filipenses 2:3-4.

Es por esto que Jesús nos enseña como nosotros por la obra del Espíritu Santo podemos mostrar que estimamos a los demás como superiores a nosotros mismos y es por esto que Jesús aprovecha esta escena de estos fariseos para enseñar no solamente a sus discípulos sino a cada uno de nosotros : 8Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, 9y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. 10Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. 11Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. La actitud que Dios ha puesto en nosotros por medio del Espíritu Santo es el don de la humildad que vamos a practicar en todo lugar donde estemos sin querer llamar la atención o mostrar que tenemos posiciones mejores que otros, cuando somos padres no dejamos que nuestros hijos nos sirvan por ser sus padres sino que nosotros les servimos a ellos para que vean como es el amor de Dios y todo lo aprendan hacer por agradecimiento, si somos jefes siempre vamos a querer que nuestros compañeros de trabajo puedan ejercer sus actividades sin presiones o amenazas nuestras porque vamos a mostrar que somos iguales, si un creyente llega a ser gobernante también va a tener una actitud de estar sentado en la parte de atrás sirviéndole a su pueblo porque sabe que Dios lo puso no solamente a gobernar sino a servir a su pueblo, si tienes un llamado de liderazgo en la iglesia no lo uses para hacer división o para mostrar que tienes mejores dones que los demás, al contrario muestra siempre que estas para ayudar, servir y guiar por medio de la Palabra de Dios y estas actitudes hace que seamos cristianos servidores de los demás, como cristianos queremos el bienestar del otro por encima del nuestro, como cristianos nos preocupamos para que el otro este cómodo y tranquilo porque cuando ponemos las necesidades y al otro por encima nuestro seremos enaltecidos y este elogio no solo viene de los hombres sino que con nuestra actitud humilde hacemos que todo hombre vea en el Dios en quien creemos porque cuando nos enaltecen por la manera de servir solo diremos que esto lo hacemos para la Gloria de Dios, porque a Dios es quien le estamos sirviendo cuando amamos y somos bondadosos con el otro, bien sea el prójimo o hermano en la fe.

La humildad también produce que podamos servir sin interés sin esperar nada a cambio por esto cuenta esta otra parábola 12Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos. Cuando vamos a servir no miremos a quien lo vamos hacer, porque podemos caer en el pecado de acepción de personas y solo servir y ayudar a quien nos interesa o esperamos algo a cambio, el amor ágape producido en nosotros hace que sirvamos a los que tienen hambre dándoles de comer, a los que no tienen abrigo buscándole que ponerse, ayudando en oración a aquel que está enfermo, apoyando a los matrimonios que están en problemas para que no se separen y puedan tener un amor sacrificial, ayudando a los jóvenes de la iglesia y a nuestros propios hijos para que puedan pasar la etapa de la juventud que es muy difícil para muchos jóvenes unidos a la Palabra de Dios, en este mundo que se ha vuelto tan competitivo vamos a ayudar a otros para que cumplan sus metas porque nuestra meta y propósito es que el otro sea feliz y finalmente el mejor acto de servicio lo hacemos cuando le enseñamos a alguien la Ley y el Evangelio para que el Espíritu Santo haga la obra en Él y también sea Bienaventurado eternamente con nosotros en el cielo. Amén

Algunos himnos sugeridos:

Cantad al Señor:

48 Busca primero el reino de Dios

49 Con el buen Jesús andemos

50 Cristiano soy

51 Dios de gracia, Dios de gloria

52 Hermanos cantad

53 Seguidme a mí, dice el Señor

55 Serviremos al Señor

Culto Cristiano:

133 Amémonos hermanos

173 Concédeme, Jesús, la sed

175 Haz lo que quieras

176 Haz, ¡oh Señor!, que por tu amor

202 Oí la voz del salvador

226 No habré de gloriarme jamás

229 Tal como soy

246 Mi fe descansa en ti

255 Qué mi vida entera esté

 

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