2019-04-28 – Pascua 02

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El segundo domingo de la pascua

(Blanco)

Tema del día: Nuestra fe se basa en Jesucristo, nuestro Señor resucitado, el cual se revela en su Palabra. En él tenemos la victoria. En él tenemos la vida eterna.

La Colecta: Concede, te suplicamos, todopoderoso Dios, que los que hemos celebrado la resurrección de nuestro Señor podamos con la ayuda de tu gracia producir los frutos de la misma en nuestra manera de vivir; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Hechos 5:12,17-32 Nuestro Señor resucitado dio a sus apóstoles la habilidad para hacer milagros y para proclamar el evangelio de paz y salvación a pesar de persecución.

12Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.

17Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban.

Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso, 23diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. 24Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. 25Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo. 26Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.

27Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, 28diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. 29Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. 30El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

El Salmo del Día: Salmo 16

Mictam de David.

1 Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.

2 Oh alma mía, dijiste a Jehová:

Tú eres mi Señor;

No hay para mí bien fuera de ti.

3 Para los santos que están en la tierra,

Y para los íntegros, es toda mi complacencia.

4 Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios.

No ofreceré yo sus libaciones de sangre,

Ni en mis labios tomaré sus nombres.

5 Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;

Tú sustentas mi suerte.

6 Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,

Y es hermosa la heredad que me ha tocado.

7 Bendeciré a Jehová que me aconseja;

Aun en las noches me enseña mi conciencia.

8 A Jehová he puesto siempre delante de mí;

Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;

Mi carne también reposará confiadamente;

10 Porque no dejarás mi alma en el Seol,

Ni permitirás que tu santo vea corrupción.

11 Me mostrarás la senda de la vida;

En tu presencia hay plenitud de gozo;

Delicias a tu diestra para siempre.

La Segunda Lectura: Apocalipsis 1:4-18 El anciano Apóstol Juan, mientras que estaba exiliado en la isla de Patmos, vio una gran visión. Le apareció el Hijo del Hombre, Jesucristo su Señor resucitado, pero ahora no lo vio como el siervo humilde, sino en toda su gloria, el primogénito de los muertos, el todopoderoso Profeta, Sacerdote y Rey, el Alfa y Omega, el cual es, era y siempre será el Dios omnipotente.

4Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; 5y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

6y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. 7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

8Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

9Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. 10Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, 11que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.

12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, 13y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. 14Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; 15y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. 16Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

17Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; 18y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

El Versículo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! Cristo habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre él. Bienaventurados los que no vieron, y sin embargo creyeron. ¡Aleluya!

El Evangelio: Juan 20:19-31 En esta lectura, San Juan nos dice como Cristo apareció a los discípulos probando que había resucitado de entre los muertos. Pero uno de ellos, Tomás, el cual no estuvo presente, no iba a creerlo hasta que viera una «prueba» que Cristo había resucitado. En su misericordia, Cristo apareció a ellos otra vez y dio a Tomás las pruebas que había pedido. Sin embargo, ¡bienaventurados los que no ven, y todavía creen! Estas cosas que el apóstol Juan escribió, las escribió para que creamos en Cristo para nuestra salvación.

19Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. 20Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. 21Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. 22Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. 23A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.

24Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no metiere mi mano en su costado, no creeré.

26Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. 27Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. 28Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! 29Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

30Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO NOS DA LA UNIDAD DE LA FE

Todos nosotros estamos acostumbrados a ir a centros comerciales y algo muy común en esos lugares es encontrar una variedad de almacenes, de lugares para comer y aún para trabajar y descansar; lastimosamente lo mismo que vemos en los centros comerciales sucede con las iglesias visibles hoy en día, vamos caminando por las calles de nuestras ciudades y encontramos una cantidad de templos con avisos ofreciendo diferentes servicios, “sanaciones 10 am”; “viernes de profecías”; “domingos prósperos” y tal vez cada uno de ustedes han visto más variedad de avisos ofreciendo diferentes servicios espirituales como compra del aceite con el algodón divino, la compra de la cruz que fue bendecida en tierra santa, la compra del agua que puede sanar. Tristemente las iglesias han creado una competencia para ver cual es la más poderosa o cuál es la que puede reunir más personas dentro de ellas olvidando el sentido real que tiene un lugar donde es proclamada la Palabra de Dios.

El mensaje para este segundo domingo de Pascua nos trae la respuesta de lo que nosotros necesitamos tener en cuenta cuando entramos a una iglesia visible o cuando estamos dentro de una de nuestras congregaciones, el evangelista Juan nos lleva al mismo domingo cuando nuestro Señor Jesucristo resucito, nos dice la Palabra 19Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, podemos ver como las Escrituras nos enseña que aún estaban reunidos los discípulos de Jesús de manera tímida como iglesia y los tenia reunidos un sentimiento que todos los que estamos aquí entendemos, el miedo, este sentimiento lo hemos tenido cuando sentimos temor por nuestras vidas, cuando estamos caminando por un lugar peligroso y oscuro o cuando se nos ha dicho que tenemos una enfermedad que puede llevarnos a la muerte. Pero en medio de esta reunión de cristianos de manera tímida llego el momento de que Dios les explicará porque era necesario que ellos estuvieran allí reunidos vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Este es un mensaje poderoso de este tiempo de Pascua, la resurrección de Cristo trajo Paz, ésta no es la que el mundo constantemente está buscando, este don de Paz que estamos escuchando aquí nos recuerda como con la vida perfecta de Cristo, su sufrimiento, muerte y resurrección fue vencido el Diablo, la carne y el pecado; esto nos recuerda cómo éramos cada uno de nosotros entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Efesios 2:3, así es, éramos enemigos de Dios, llamados hijos de ira por el castigo del infierno que merecemos pero hoy en este segundo domingo de Pascua escuchamos Paz a vosotros.

Esta Paz trae una evidencia del precio que costo ella misma, Pedro, uno de los que estaba allí reunido con los demás, tiempo después por inspiración divina explico el precio de esta Paz 18sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 1 Pedro 1:18-19 y el precio que pago nuestro Dios para que nosotros no fuéramos más hijos de ira lo muestra el apóstol Juan en este pasaje cuando nos dice 20Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Aquí el Espíritu Santo empieza a mostrarnos lo importante que ofrece una iglesia, lo importante de que cada uno de nosotros estemos aquí Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. La alegría de saber que ya no somos enemigos de Dios, que la resurrección de Cristo puso un sello en nuestras vidas de ser llamados hijos de Dios y al serlo ya la iglesia no se iba a reunir de manera tímida o por miedo sino que Dios ha llamado a la iglesia para que sea usada por el Espíritu Santo no para prometer lo que la Biblia no promete y no para mandar lo que la Biblia no manda, Juan nos muestra cual es el trabajo de una iglesia que se considere cristiana 21Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. 22Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. 23A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos. El versículo 23 nos explica lo importante de la iglesia en mantener esta Paz ganada por Cristo y como el Espíritu Santo juega un papel importante en este trabajo de la iglesia, aquí vemos el uso de la Ley y el Evangelio que es usado en lo que nosotros como luteranos confesionales llamamos la doctrina del uso de las llaves, abrir el reino de los cielos a los que vivimos en esta Paz y cerrarlo a quienes la rechazan.

Pecamos en contra del tercer mandamiento cuando no confiamos en el mensaje de Paz que nos da la Palabra de Dios y queremos concentrarnos en lo externo de la iglesia visible, cuando queremos exigir a Dios que no solamente actué por medio de su palabra sino que muestre su poder en nuestras vidas por medio de un milagro o mostrándonos el futuro o dándonos algo que a parte de la palabra de Dios nos de seguridad como un amuleto, este fue el pecado que cometió nuestro hermano Tomás, no confió plenamente en la palabra que le predicaron sus hermanos que Jesús resucitó para traer Paz 24Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no metiere mi mano en su costado, no creeré. Cada vez que nosotros queramos relacionar la Palabra de Dios con milagros externos que el hombre pueda ver o interpretar hoy en día nos recuerda que somos pecadores y merecemos el castigo del infierno eterno.

Pero Jesús mostró no solamente amor por Tomás, sino también por cada uno de nosotros, Jesús le dio la evidencia que Tomás exigía, lo hizo no por orgullo o por avergonzar a Tomás; lo hizo aun estando en cuerpo Glorificado como nuestro sustituto al cumplir el tercer mandamiento por todos, Jesús le mostró a Tomas la evidencia del precio de su sacrificio hecho no solamente por él sino por todos nosotros26Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. 27Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Jesús al mostrar sus manos y costado a Tomas vemos como está demostrando que sí cumplió lo que estaba escrito de Él en el Antiguo Testamento Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. Salmo 22:16, Jesús cumplió y le dio importancia perfectamente a la Palabra de Dios para no hacer solamente creyente a Tomás sino a cada uno de nosotros; hoy es un día para dar gracias a Dios que nos recuerda que estamos reunidos en la misma Paz y que el Espíritu Santo nos hace unirnos con Tomas para nuestra confesión de fe 28Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Esto es lo que encontramos cada vez que vamos a nuestras congregaciones para estar reunidos alrededor de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo hace que confesemos desde nuestro corazón que Jesús es mi Señor, esto es una aplicación al primer mandamiento donde la Palabra de Dios nos lleva a tener seguridad de que en este mundo estamos en las manos del Señor, nuestro Dios, nuestro Salvador y aunque en nuestras congregaciones podemos encontrar estas dos clases de cristianos, los que necesitan pruebas para creer y a los que solo es suficiente las Escrituras para creer y espero que estos seamos cada uno de nosotros y es por esto que 29Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. Hoy en este segundo domingo de pascua damos gracias a Dios por llamarnos Bienaventurados, felices por la verdad que nos trae la Palabra de Dios, esta verdad que nos muestra que 30Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. Todo lo que hizo nuestro Señor fue con el propósito de darnos vida eterna, no sabemos cuántos milagros hizo, no sabemos cuántas personas creyeron en Él en ese momento pero lo que sí sabemos es que cada uno de nosotros que hacemos parte de su iglesia estamos movidos por la misma Paz, esta que nos tiene aquí reunidos como hermanos en la fe, esta que nos anima a usar las llaves como medio de cuidarnos como hermanos y expandir el mensaje del reino de Dios, esta que nos lleva a recordar como fuimos comprados cuando estamos alrededor de los medios de gracia y esta Paz que nos mantendrá juntos hasta que partamos de este mundo o que nuestro Señor regrese por segunda vez, por este motivo no dejemos de meditar en las Escrituras porque ella mantiene viva nuestra Paz. Amén.

Los Himnos:

Algunos himnos sugeridos:

Cantad al Señor:

19-23 Los himnos para la Resurrección

98 ¡Muerte! ¿dónde está tu horror?

105 Acuérdate de Jesucristo

108 Esta es la fiesta

Culto Cristiano:

38 Jesús divino

69-77 Los himnos para la Pascua de Resurrección

78 De mil arpas y mil voces

82 A Cristo proclamad

246 Mi fe descansa en ti

335 ¡Cristo vive!

336 Del sepulcro tenebroso

 

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