2018-07-15 – Pentecostés 08

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El octavo domingo después de Pentecostés

(Verde)

Tema del día: Las lecturas para esta mañana enfocan en lo que es el ministerio público de la predicación.  Dado que Dios ha establecido el ministerio público, los que rechazan a sus mensajeros, realmente están rechazando a él.  Pero a nosotros que creemos, Dios promete que nos bendecirá por medio de ellos.  Por lo tanto, qué roguemos al Señor de la mies que envíe más obreros.

La Oración del Día: Oh Dios, cuya providencia todo lo gobierna: Te suplicamos humildemente que apartes de nosotros las cosas que nos dañan, a fin de que nosotros, siendo capacitados en alma y cuerpo, llevemos a cabo tu santa voluntad; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Amos 7:10-15 — Así como el profeta Amos, nuestros pastores y líderes en la iglesia han sido debidamente llamados al servicio.  Han sido escogidos por Dios para proclamar su mensaje.  Por lo tanto, qué cada ministro recuerde que su propósito no es buscar su propio bien, sino buscar la gloria de Dios, y qué cada cristiano escuche a sus pastores y dé gracias a Dios por ellos.

El Salmo del Día: Salmo 126

La Segunda Lectura:  Efesios 1:3-14 — Por siglos, el misterio de la predestinación ha sido tropiezo para muchos aún para unos grandes teólogos.  Por lo tanto, qué dejemos al lado nuestro orgullo pecaminoso y nuestra razón humana, y veamos estas palabras de Pablo por los ojos de fe, porque son palabras de pura gracia: Dios nos ha escogido antes de la creación del mundo para ser sus hijos queridos.

El Evangelio: Marcos 6:7-13 — Cristo escogió y envió a hombres sencillos para predicar su santo ministerio, pero a ellos les dio autoridad y un mensaje poderoso.  Fueron mensajeros del rey.  Si alguien rechazara a ellos, realmente estaba rechazando a Dios que les envió.  Así es también con los ministros públicos hoy en día, son nada más vasos de barro que llevan el tesoro precioso del evangelio.  Su autoridad viene de Dios y su poder de la Palabra de Dios.

7Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. 8Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, 9sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. 10Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar. 11Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad. 12Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. 13Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.

 

EL ESPÍRITU SANTO NOS LLAMA A SER MINISTROS DE NUESTRO DIOS

Muchas veces como creyentes y miembros de una congregación creemos que estar sentados en las bancas de la iglesia, o estar escuchando y viendo el culto de adoración cada domingo o cada vez que la iglesia ofrezca alimento espiritual está cumpliendo todo el deseo de Dios. Pero en realidad es importante tener claridad en algunas cosas que manda las Escrituras, porque este texto para el día de hoy es un ejemplo de lo que les estoy diciendo. Hay algunas cosas que se aplican solamente a los Apóstoles, a las personas o las congregaciones en las cuales Dios le habla por medio de su Palabra. Y hay otros pasajes que no solamente se aplican a ellos sino también a cada uno de nosotros porque todo parte de un principio que vemos en la lectura del Nuevo Testamento para este domingo, y es el motivo por el cual estamos cada uno de nosotros aquí: ¿cuál es el deseo que nuestro Dios quiere que nosotros hagamos al ser llamados hijos de Dios desde la eternidad?

Podemos pensar en muchos textos bíblicos para contestar lo que estoy planteando, pero a mi mente viene en este momento lo que nos enseña 1 Pedro 2:9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ahora la pregunta es: ¿Por qué en este pasaje de Pedro estamos incluidos nosotros?

La respuesta la da las Escrituras de la siguiente manera: nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo (1 Corintios 12:3). Entonces nosotros fuimos llamados por el Espíritu Santo para decir que Jesús es nuestro Señor, nuestro Salvador. Y es por esto que Pedro enseña que todo aquel que llama a Jesús Señor hace parte del linaje escogido, es real sacerdocio, es nación santa para un propósito especifico: anunciar las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Cada creyente está llamado a decirles a otros como fue que el Espíritu Santo lo sacó de la muerte espiritual a la vida verdadera dada por Cristo, y este pasaje de Pedro es lo que llamamos el sacerdocio de todos los creyentes y el llamado de parte de Dios a ser sus testigos de toda su Palabra.

Jesús fue expulsado de su sinagoga y de su pueblo por la predicación de su Palabra, pero lo que sucedió en su pueblo cuando fue rechazado él lo resumió en estas palabras: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa (Marcos 6:4). Pero este rechazo no le desanimó para seguir su trabajo de darse a conocer a todas las naciones. Él sabía que había poco tiempo para que se cumpliera lo que había dicho: id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado (Mateo 10:6-7). Habían muchas ovejas que habían que traerla a su reino, que es el mismo Reino de Dios, habían muchas personas que eran israelitas que estaban muertos espiritualmente porque no creían en él como el Salvador. La situación que vivió en su propio pueblo es un ejemplo del rechazo que los muertos espirituales estaban haciendo con él.

Y la manera de enviar a buscar ovejas perdidas de la casa de Israel lo vemos en este pasaje: 7Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. Aquí el texto es muy claro, llamó a sus doce discípulos, y el mandato de enviarlos fue solo a ellos teniendo autoridad sobre los espíritus inmundos.

Los envió de dos en dos por estos motivos: (1) el primero Deuteronomio 17:6 Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo. Cuando había un tema especial para juzgar en medio del pueblo y en especial que tenía que ver con la muerte de una persona se necesitaban de dos testigos, y aquí también vemos la misma situación, esto era una situación de vida o muerte, porque muchos iban a seguir en su muerte espiritual. (2) Y el otro motivo era para que pudieran presentar defensa y apoyarse el uno al otro en dicho momento.

Pero nos falta hablar del tema de tener autoridad sobre los espíritus inmundos. Esto es una señal del Apostolado; ellos eran enviados directamente por Jesús, ellos eran delegados oficiales de Cristo. Pablo nos explica esto en 2 Corintios 12:12 Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros. Por este mismo motivo ninguno de nosotros hoy tenemos este mandato de Jesús de expulsar demonios porque fue un mandato exclusivo y una señal única de los Apóstoles.

Jesús quiso que ellos fueran tranquilos y sin ninguna preocupación que les fuera impedimento para cumplir este llamado divino que les encomendó, y es por esto que les dijo: 8Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, 9sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. 10Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar. El no llevar nada les daba la seguridad de confiar que sus necesidades materiales iban ser suplidas. Para nosotros no es aplicado estas palabras porque recordemos que fueron dadas para sus doce discípulos.

El Nuevo Testamento nos habla más abierto en cuanto el momento de llamar un pastor o enviar un misionero para la expansión de la obra como está en 1 Timoteo 5:17-18, 17Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. 18Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario. Aquí la Escritura nos anima a pagar económicamente a un pastor o misionero que la iglesia desea enviar para un trabajo específico.

También fue Jesús muy específico con ellos cuando eran rechazados en una casa. El rechazo consistía en no querer creer en el mensaje de la Palabra de Dios, y es por este motivo que nos enseña la Biblia: 11Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad. Y estas son palabras de juicio para no solamente los de la casa de Israel que no creyeron sino también para todo aquel que rechaza el mensaje de Salvación. Todo aquel que no cree que Jesús es el Señor será condenado en el infierno eterno, y por eso Jesús compara este castigo con lo que sucedió en Sodoma y Gomorra.

Nos falta hablar de los dos últimos versículos de este Evangelio para hoy: 12Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. 13Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban. Aquí vemos la predicación de la ley y el evangelio. La ley era notable al llamar al arrepentimiento a las personas, y el evangelio al echar los demonios porque era la prueba de que Jesús estaba gobernando en esa persona. Pero vemos como el uso del aceite no es un mandato que Dios hace aquí por medio de su Palabra; simplemente nos cuenta porque ellos usaban el aceite en esos momentos. El propósito de ese procedimiento poco usual puede ser el mismo que tuvo el lodo que Jesús hizo con tierra y saliva para sanar al ciego del capítulo 9 de Juan: usar algo especial, una sustancia externa y llamativa para centrar la atención en la naturaleza milagrosa de la curación, pero ellos eran sanados por el poder de Dios y no por el aceite que usaban.

Ahora es el momento de hablar de nosotros. Ya entendemos que esta porción de la Palabra de Dios es claramente aplicada para los Apóstoles, pero volviendo al Apóstol Pedro recordemos que todos tenemos el llamado de anunciar la Palabra de Dios. Si nosotros no lo hacemos, estamos pecando en contra del Tercer Mandamiento porque en Marcos 16:15 Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Al no anunciar su Palabra y dejamos que solo lo prediquen los pastores, misioneros o a quien la iglesia pague para esto es un pecado por no obedecer el llamado de nuestro Dios que tenemos como creyentes para ser sus testigos y anunciar la Palabra de Dios a toda criatura. El desobedecer este mandato también nos lleva a ser merecedores del castigo que Jesús anunció en este evangelio para este día: De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad.

Pero damos gracias a Dios por este Sumo Sacerdote perfecto Jesucristo quien por amor a cada uno de nosotros sí le dio prioridad al anunciar el Reino de Dios. Esto lo demostró al enviar a sus Discípulos de dos en dos para hacerlo. Ellos no lo hicieron perfectamente, pero el llamado de Jesús fue divino y lo hizo por amor a la Palabra de Dios y a cada uno de nosotros.

También Jesús 7en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, Efesios 1:7. Es por la obra de la vida perfecta de Jesús y su sufrimiento y muerte en la cruz que somos perdonados de pecar en contra del Tercer Mandamiento, y este amor nos va a animar a hacer varias cosas:

  • la primera, predicar la Palabra de Dios en todo momento que podamos porque Dios nos usa a nosotros para que anunciemos como fuimos sacados de la oscuridad espiritual;
  • lo segundo que vamos hacer es apoyar económicamente y con oración el ministerio de las personas que dedican su tiempo a enseñar la Palabra de Dios no solo a nosotros sino que también va también en representación nuestra a llevar el mensaje de Jesús;
  • y finalmente con toda nuestra vida vamos a mostrar como el Espíritu Santo nos mantiene en la fe porque vamos a tener mucha oposición al predicar la palabra con los gobiernos que crean leyes que van en contra de Dios y con la opinión pública que cada vez más rechaza el mensaje de Dios porque creen que por sí solos pueden vivir en este mundo y llegar por si solos al mundo eterno. Pero nuestro Dios nos va a animar en medio de estas persecuciones porque no nos rechazan a nosotros sino a él y es quien tiene el poder de actuar cuando él quiera y sobre el que él quiera.

Amén.

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