2018-07-08 – Pentecostés 07

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El séptimo domingo después de Pentecostés

(Verde)

Tema del día: La Palabra de Dios es poderosa y eficaz. Por medio de esta Palabra, el Espíritu Santo obra la fe en nuestros corazones. No obstante, el hombre tiene la habilidad para rechazar el evangelio poderoso de Dios. Qué siempre prediquemos este mensaje de salvación a todos, aún si muchos la rechazan, porque si creen o no, de todas formas Dios es glorificado por medio de la predicación.

La Oración del Día: Concede, Señor, que el curso de este mundo sea gobernado por tu dirección de tal manera que tu iglesia se regocije en servirte en divina paz y tranquilidad; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Ezequiel 2:1-5 — Así como muchos de los profetas de Dios, el profeta Ezequiel fue enviado para predicar a un pueblo de duro corazón.  La mayoría de ellos iban a rechazar su mensaje porque para ellos la Palabra de Dios era locura y débil, pero siempre unos iban a creer, porque por medio del evangelio que es el δυvαμoς, la dinamita divina, Dios puede abrir el corazón duro del hombre.

El Salmo del Día: Salmo 143

La Segunda Lectura:  2 Corintios 12:7-10 — Por medio de nuestra debilidad, Dios muestra su poder.  San Pablo es un ejemplo claro de eso. Dios no quitó su “aguijón en la carne” para el bien de Pablo y para mostrar su gran poder. El gran éxito que tuvo Pablo en su ministerio no se debe a él, sino a Dios y su Palabra.

El Evangelio: Marcos 6:1-6 — El mensaje de Cristo para nosotros que creemos es sabiduría y poder, pero para los que en su incredulidad y dureza de corazón rechazan a él, es un mensaje de debilidad e insensatez. Así como los de Nazaret, muchos de nuestra época van a rechazar a Cristo y nuestra predicación, pero qué nunca dejemos de predicar. Como vemos en el versículo 6, después de ser rechazado en Nazaret, Cristo “recorría las aldeas de alrededor, enseñando.”

1Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. 2Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? 3¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. 4Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

 

LA PALABRA DE DIOS VENCIÓ NUESTRA INCREDULIDAD

La sabiduria del mundo enseña al hombre como poder acercarse a Dios. Por eso es que escuchamos a muchas personas que dicen llegar a la iglesia por algun testimonio, o porque al estar ahí en la iglesia se actúo un milagro en él. También muchos llegan a una iglesia por la tradición porque nacieron allí; es donde ellos siempre han pertenecido. Y podemos mencionar muchos más motivos por los cuales una persona afirma porque llegar a la iglesia. ¿Pero que es lo que realmente nos acerca a Dios?

1Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. 2Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? Después de que Jesús demostró que es el Señor de la muerte al resucitar a la hija de Jairo, salió de su casa y era necesario seguir su trabajo de anunciar el reino de Dios. Estaba de nuevo en Capernaúm que era su lugar de residencia y como judío se sometió a la Ley y aquí vemos como cumplió el Tercer Mandamiento al estar en la sinagoga un día de reposo.

El ir a la sinagoga era muy importante para los judíos porque allí se reunían alrededor de la Palabra de Dios, pero ese día dejó de ser un sábado común y corriente porque el mismo Dios les estaba enseñando allí personalmente la Palabra de Dios. Es por esto que Marcos nos enseña cual fue reacción de la gente:  y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?

En nuestra mente no nos podemos imaginar la manera en la cual Jesús les estaba enseñando en ese sábado la Palabra de Dios, pero sí es entendible que ese día se les abrió los ojos a muchos de los que estaban allí reunidos. Pero también aumentó el rechazo hacia Jesús. El evangelista Lucas nos aclara cual fue el mensaje que Jesús leyó allí: 17Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

 18  El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

19  A predicar el año agradable del Señor.

20Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. (Lucas 4:17-21).

Nuestro Señor Jesucristo les estaba explicando a ellos por qué hacía milagros, por qué estaba en medio de ellos, y por qué todas las Escrituras del Antiguo Testamento se estaban cumpliendo en él. Ya muchos estaban enterados de los milagros que había hecho, como curó enfermos, cuando con el poder de su Palabra calmó las aguas y como es el Señor de la muerte al resucitar la hija de Jairo. Pero él quería que realmente creyeran en él como el Mesías esperado, el cual vino a sacarlos de la oscuridad espiritual en la cual vivían muchos de ellos. Pero como siempre sucede al predicar la Palabra de Dios unos la creen y otros la rechazan completamente.

Ellos veían a Jesús como una persona común y corriente porque tal vez muchos de ellos eran amigos de su niñez y juventud y por esto les sorprendió todo lo que él estaba haciendo y enseñando porque su familia era muy conocida en su pueblo. 3¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. Ellos en ese momento tenían sus ojos cerrados espiritualmente al igual como los tuvimos cada uno de nosotros.

Aquí es donde se aplica la enseñanza del profeta Ezequiel 2:3, Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. 4Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón. El pueblo de Israel al igual que cada uno de nosotros por naturaleza somos rebeldes, de duro rostro y de corazón empedernido (despiadado) frente a Dios por nuestro pecado. Ellos rechazaron el mensaje que Jesús les predicó porque su orgullo no les permitía creer en este simple carpintero que tenía una familia común y corriente en medio de su pueblo. Y nosotros tampoco aceptábamos que necesitábamos depender de alguien para ganar el perdón de nuestros pecados porque nos gusta por naturaleza buscar la manera de poder asegurar por nuestros propios medios tener una buena relación con Dios.

Estos hombres no dejaron al Espíritu Santo trabajar en ellos para que pudieran confesar con sus bocas y corazón que Jesús era el Mesías predicado y esperado durante muchos siglos. Es por esto que Marcos nos registra lo que sucedió: 4Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

Ellos por su orgullo no quisieron ver a Jesús como el Mesías, pero esto no quiere decir que el Espíritu Santo no pueda trabajar en las personas. Esto nos recalca la capacidad que tiene el hombre de rechazar la fe en Cristo Jesús. Por eso Jesús al ver su actitud incrédula frente a él y como hasta le querían matar como nos respalda Lucas: 29y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle. 30Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue (Lucas 4:29-30). Les dijo que ellos no creían ese mensaje poderoso que les predicó porque él era muy conocido dentro de ellos; mas sin embargo, eso no le limitó a hacer algunos milagros en su región y seguir enseñando la Palabra de Dios, porque si no lo hubiera hecho difícilmente nosotros estaríamos aquí escuchándola en este momento.

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1 Corintios 2:14). Este versículo explica por qué ellos tuvieron esa actitud frente a Jesús y por qué nosotros también creíamos que por nuestros propios méritos podíamos ganar el favor de Dios. Esto lo hacíamos por medio de buenas obras porque en nuestra mente y orgullo pecaminoso buscábamos tener santidad con Dios. Pero esa falta de santidad nos llevaba rumbo al infierno porque nos faltaba lo más importante – la fe en Cristo: Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Juan 3:19).

¿Entonces qué fue lo que venció nuestra incredulidad? Volvemos al evangelio para este día: 2Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga. Es el poder de la Palabra de Dios que venció nuestro orgullo pecaminoso por medio del poder de su Palabra y venció nuestro orgullo mostrándonos el verdadero amor, porque Jesús solo vino para vencer nuestra incredulidad, y esto lo hizo al confiar por nosotros en el poder de la Palabra de Dios. Él la usó perfectamente porque sabía que es por ella que el Espíritu Santo trabaja como lo enseña Juan 14:26, Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Y la herramienta que usó el mismo Dios fue su Palabra quien nos enseña también ese verdadero amor por cada uno de nosotros al enseñarnos que nuestras obras no nos podían justificar delante de Dios como lo vemos en Gálatas 2:16,  sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Cristo Jesús cumplió todas las obras de la ley que nuestro Dios nos exige que cumplamos perfectamente y con su sangre que derramó nos justificó delante de Dios; es decir, Dios sólo en este momento ve la vida perfecta de Cristo y su sacrificio en la cruz y es por medio de su obra que cada uno de nosotros ahora somos declarados inocentes. Hoy damos gracias a Dios que no es por nuestras obras que tenemos una vida eterna asegurada en el cielo; damos gracias a Dios que la seguridad de nuestra salvación no depende de nosotros sino de él solamente.

Vamos y usemos la Palabra de Dios así como lo dice Pablo en Romanos 1:16, Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. La palabra en el idioma original para poder es «Dinamita». Esto nos dice con cual confianza vamos a usar esta Palabra; ella hace explotar el corazón incrédulo del hombre y pone una fe humilde en Cristo Jesús. Esta Dinamita mantiene alejado a nuestro enemigo el diablo porque el diablo le teme al evangelio de Cristo ya que conoce de su poder; ya que ha sido vencido por Cristo en la cruz, sabe que el Espíritu Santo usa su poder por medio de esta Dinamita para ganar incrédulos y traerlos a la fe.

Por este motivo seamos fieles a la enseñanza de la Palabra de Dios. No dejemos que nos desvíen de darle toda la gloria a Dios por nuestra salvación, y no dejemos que falsos maestros nos quieran llevar con sus palabras vacías a depender de nosotros otra vez. Dejemos que el Espíritu Santo actúe en cada uno de nosotros hablando a otros de la única verdad que nos interesa, hablar el poder de su Palabra.

Amén.

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