2018-07-01 – Pentecostés 06

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El sexto domingo después de Pentecostés

(Verde)

Tema del día: Nuestro Dios es a la vez todopoderoso y misericordioso. ¡Qué consolante combinación para el creyente!  En las lecturas para esta mañana vemos al Dios todopoderoso y misericordioso que puede hacer volver a su pueblo de cautiverio, sin que lo merezca, y que puede aún hacer vivir a una persona muerta.  En todo problema, Dios siempre será nuestro ayudador, como dice el salmo para esta mañana.

La Oración del Día: Oh Dios, que has preparado para los que te aman cosas tan buenas que sobrepasan el entendimiento humano: Derrama en nuestros corazones tal amor hacia ti que, al amarte nosotros sobre todas las cosas, se cumplan en nuestras vidas tus promesas, las cuales exceden todo lo que podamos desear; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Lamentaciones 3:22-33 — En medio de las ruinas de Jerusalén y viendo las cenizas que antes eran el templo del Señor, Jeremías no se desespera, sino escribe este cántico de confianza.  Tal confianza se basa solamente en la gracia y promesas del Dios todopoderoso, el cual después de setenta años libraría a su pueblo del cautiverio, cumpliendo con sus promesas.

El Salmo del Día: Salmo 30

La Segunda Lectura:  2 Corintios 8:1-9,13-14 — Al ver las misericordias de nuestro Dios todopoderoso, que se humilló a sí mismo viniendo a este mundo como un pobre ser humano y muriendo como un criminal común, naturalmente vamos a querer compartir todas las riquezas, espirituales y materiales, que Dios nos ha concedido con los que tienen necesidad.

El Evangelio: Marcos 5:21-24a,35-43 — El temor más grande que tiene el hombre en este mundo es el temor de la muerte.  Por su consciencia, el hombre sabe que al morir se va enfrentar con juicio, y entonces, que consuelo nos da que nuestro Dios no solamente tiene el poder sobre la muerte, pero que también es misericordioso para ayudarnos en todo.  Por medio de su propia muerte y resurrección, nos ha librado de la esclavitud a la muerte.

21Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. 22Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, 23y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.

24Fue, pues, con él [….]

35Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? 36Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. 37Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. 38Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. 39Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. 40Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. 41Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. 42Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 43Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.

 

EL ESPÍRITU SANTO NOS ENSEÑA QUE JESÚS ES EL SEÑOR DE LA MUERTE

El tema que menos nos gusta hablar es de la muerte. Cada vez que pasamos por un cementerio pensamos en cualquier cosa menos en que nosotros en algún momento haremos parte de un lugar de estos. Poco nos gusta hablar de nuestra muerte; poco nos gusta pensar que sucederá ese día, el último día que estemos en este mundo. Para muchas culturas la muerte es una fiesta porque creen que han llegado a un nivel importante en sus vidas; para otras culturas la muerte es solo un fin de un ciclo y por esto no le prestan atención a esta circunstancia. Pero para nosotros los creyentes ¿cómo necesitamos ver la muerte?

Como conocedores de las Escrituras sabemos que la muerte entró por culpa del pecado de Adán y Eva. Ellos se dejaron intimidar por Satanás que les dijo en el huerto del Edén: Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis (Génesis 3:4). Esta afirmación fue grata para los oídos de Eva y aunque ellos habían sido creados para no morir, Eva dio más importancia a la palabra del diablo que a la Palabra de Dios porque en su mandato les dijo que si comían de este fruto iban a morir. 15Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás (Génesis 2:15-17).

Adán y Eva de inmediato no murieron, pero sí entró la muerte al mundo en tres sentidos: (1) la muerte espiritual porque ellos ya no podían estar frente a Dios por su pecado, (2) la muerte eterna que es ir al infierno por toda la eternidad por la incredulidad, y (3) la muerte física como lo leemos en este pasaje :Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió (Génesis 5:5). Por creer en la mentira de Satanás y no en la verdad de la Palabra de Dios entró la muerte al mundo. El mismo dolor de la muerte lo sufrieron Adán y Eva con el asesinato de uno de sus hijos: 8Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató (Génesis 4:8).

Pero para hablar de la muerte espiritual que nos hace ser enemigos de Dios tenemos el ejemplo de Judá, que fue tomado en cautiverio por Babilonia porque no podía dar frutos de fe en Dios. Ellos adoraron a dioses paganos, pasaron sus hijos por el fuego y esto como fruto de su muerte espiritual. Dios les castigó con el cautiverio por 40 años. Todo aquel que muera en incredulidad la muerte eterna le espera. Nosotros conocemos muy bien que es la muerte espiritual porque éramos enemigos de Dios por culpa de nuestro pecado. Creíamos que nuestras obras podrían ablandar la ira de Dios, y el resultado de nuestra muerte espiritual era y es ser merecedores de ir al infierno eternamente. Es por este motivo que no nos gusta hablar de la muerte, pensar en la muerte porque nuestro viejo hombre sabe que la muerte es la paga por ser pecadores, porque sabe que la muerte es el castigo de Dios por no ser perfectos como él quiso que fuéramos desde la creación.

Este evangelio para hoy nos va a cambiar la perspectiva de ver la muerte; va a permitir que nosotros estemos ansiosos esperando el día de nuestra muerte, y nos va a poner en la expectativa indicada para cada uno de nosotros.

En Capernaúm pasaron muchos milagros que han mostrado que Jesús es el Mesías esperado. Esto lo hemos visto en estos últimos domingos meditando este evangelio de Marcos, y ahora nos dice el evangelista: 21Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. Jesús sabía que era necesario pasar de nuevo el mar de Galilea; había alguien que estaba sufriendo el dolor de la muerte, un padre y una hija. Aquí podemos ver el poder del Espíritu Santo que no tiene límites. Ninguna parte de los evangelios nos muestra como este hombre, el principal de la sinagoga, había llegado a la fe, pero sí es el resultado de lo que nos enseña Romanos 10:17, Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Jairo, que es el nombre del hombre que estamos hablando, escuchó de Cristo; y el Espíritu Santo lo llevó a la fe.

La muestra de su fe es lo que nos enseña Marcos en este día: y luego que le vio, se postró a sus pies, 23y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. 24Fue, pues, con él. Al ser un principal de la sinagoga tal vez fue testigo del rechazo de muchos hacia Jesús y su Palabra, pero el Espíritu Santo ahora lo estaba usando para que él fuera testigo del poder de Jesús. La muerte que estaba visitando su familia iba ser derrotada por nuestro Señor Jesucristo.

Este hombre movido por su amor de padre no soportó ver a su hija agonizar y es por esto que el Espíritu Santo puso en este hombre toda su confianza en Jesús: ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. Este hombre sabía que la muerte es por culpa del pecado que hay en el mundo y necesitaba que su hija no pasara por esto en esos momentos, tal vez pensando en el orden que sabemos “los hijos entierran a los padres”.

Pero más que un deseo del padre es la obra de Dios actuando allí. Jesús sabía que esto iba a pasar y es por este motivo que volvió a pasar el mar de Galilea. Marcos nos muestra que aún este hombre estaba pidiéndole ayuda a Jesús y fue informado de esta manera: 35Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Ellos tenían toda la razón; ya no había oportunidad de ayudar a esta niña porque la muerte ya había cobrado su precio. Pero lo que ellos iban a ver era algo que su razón no estaba lista para aceptar, su razón difícilmente la iba a entender.

36Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. 37Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. 38Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. No es un premio que Jesús le está dando a este hombre por poner toda su confianza en él. Jesús fue a su casa porque desde la eternidad esto ya estaba planeado; dentro del plan de salvación esto ya estaba preparado, y cuando llegaron a la casa de Jairo los llantos de los familiares mostraba la angustia y el dolor de la muerte.

Aquí Jesús da una buena definición de la muerte: 39Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Está llamando la muerte un dormir en el sentido de que se despertará. No como lo enseñan los testigos de Jehová que hablan de la muerte como un estado de subconsciencia, sino Jesús con esto quiere dar una enseñanza clara de que él es quien derrotó la muerte.

Él está por encima de la muerte: 40Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. 41Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. 42Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 43Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer. Los que están muertos espiritualmente no pueden entender ni creer esto; por esto se burlaban de Jesús, por eso él únicamente permitió que sus discípulos más cercanos y los padres de esta niña vieran como él es el Señor de la muerte.

Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Es por esto que Jesús dijo que la niña dormía porque la volvió a la vida. Esto es lo que llamamos resurrección. Jesús es el Señor de la muerte porque no solamente la derrotó aquí, sino que él mismo la enfrentó: Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró (Lucas 23:46). Sus apóstoles, sus familiares cercanos y sus amigos frente a la cruz y sepultura de Jesús creyeron que la muerte había cobrado una persona más. Muchos vieron a Jesús crucificado como alguien que murió por defender su causa. Pero lo que ellos no esperaban es que Jesús era el Señor de la muerte: 4Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Romanos 6:4).

Él se levantó de entre los muertos. Fue así como venció la muerte; fue así como nos rescató del dolor de la muerte, y es así como nosotros tenemos la seguridad dada por el Espíritu Santo que nuestra muerte ya está vencida por la obra de Cristo que dejó su trono de gloria: 9Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Corintios 8:9). Jesús demostró también su amor por cada uno de nosotros al dejar su trono en el cielo y venir a vivir en medio de la humanidad para con su vida perfecta derrotar la muerte que merecemos por no cumplir la voluntad del Padre perfectamente. Él la cumplió perfectamente por cada uno de nosotros. Encontramos la verdadera riqueza no en oro o en plata, sino en la vida de nuestro Señor Jesucristo que por medio de ella nos dio la verdadera riqueza espiritual.

Ahora, ¿cómo vamos a ver nuestra muerte? ¿Cómo vamos a esperar nuestra muerte? Por los méritos de Cristo ya hemos muerto para este mundo, y esto lo demostramos dejando que sea el Espíritu Santo quien nos guie en este mundo para darle toda la gloria a Dios y nuestros pensamientos, palabras y obras aún están conectados con su voluntad. Es por esto que este mundo solo lo vemos como un paso donde sólo vamos a ser instrumentos de Dios para que otros también conozcan la verdadera vida la cuál viviremos desde el día de la muerte en este mundo porque: nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo (Filipenses 3:20).

Amén.

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