2018-06-17 – Pentecostes 04

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El cuarto domingo después de Pentecostés

(Verde)

Tema del día: Por medio de la semilla pequeña que es el evangelio, Dios obra un milagro en nosotros.  Da vida y salvación al pecador.  El mensaje sencillo de Cristo nos da la salvación y produce fruto en la forma de buenas obras.  Además, esa semilla pequeña hace crecer a toda la iglesia.  Al llegar al cielo veremos completamente como esa semilla sencilla ha producido frutos gloriosos.

La Oración del Día: Todopoderoso y eterno Dios, concédenos un aumento de fe, esperanza y amor, para que amemos lo que tú has mandado y obtengamos el cumplimiento de todas tus promesas; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Primera Lectura: Ezequiel 17:22-24 — El Señor del cielo ha sembrado su iglesia y la hace crecer y producir fruto.  La verdadera iglesia es la que tiene sus raíces firmemente plantadas en él, su Dios, y en su Palabra.

El Salmo del Día: Salmo 92

La Segunda Lectura:  2 Corintios 5:1-10 — En este mundo pecaminoso, nuestros cuerpos se envejecen, se enferman y eventualmente se mueren.  No obstante, por la fe sabemos que Dios nos ha dado la vida eterna, y entonces, vivimos confiados mientras esperemos el día en que seremos librados de este mundo de pecado.

El Evangelio: Marcos 4:26-34 — Así como la pequeña semilla de mostaza produce una planta grande y gloriosa, el mensaje sencillo del evangelio produce resultados increíbles. Ese mensaje que es locura y debilidad para el mundo hace vivir a los que están muertos en el pecado y hace crecer a la iglesia de Dios.  Veremos completamente los resultados gloriosos de esa semilla al llegar en el cielo.

26Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.

30Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? 31Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; 32pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.

33Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. 34Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.

 

VEAMOS COMO EL ESPÍRITU SANTO USA EL EVANGELIO PARA HACER CRECER LA IGLESIA

Testimonios, oraciones, profecías, ayunos, canciones, obras sociales son usados con frecuencia por muchas iglesias visibles para así poder llegar a más personas. Estamos en tiempos donde lo que haga el hombre por sí mismo es más confiable que esperar que algo externo pueda hacer lo que se espera que suceda. No es malo desear ver nuestras congregaciones llenas de personas, lo malo es cuando nuestra prioridad de tener cada vez más personas es usando métodos de hombres, como lo mencioné al inicio de este sermón, y esto nos lleva a una conclusión, muchos quieren tener una congregación donde hallan muchas personas con fines personales, económicos y de prestigio. Por esto es que vemos que hoy en día muchas personas antes de pertenecer o ir a una iglesia solo quieren ver qué cantidad de personas se reúnen allí, hoy en día escuchamos con frecuencia la palabra menguar, donde hay personas que están de iglesia en iglesia porque creen que viven un ciclo dentro de la iglesia y necesitan ir a otras para tener nuevas vivencias espirituales.

Pero hay algo en común en todo esto lo que les menciono, la Ley, muchos predicadores y congregaciones usan la predicación de la Ley para infundir temor a las personas y así mostrarles que necesitan vincularse a su iglesia o permanecer en ella; vemos ejemplos de esto como en la iglesia de Roma que dicen que fuera de su iglesia no hay salvación, es decir que solamente la iglesia verdadera es la de ellos y todos los que estamos por fuera no podemos salvarnos por el hecho de no pertenecer a esta iglesia; otro ejemplo que vemos es el terror que muchos predicadores ponen en el corazón de las personas usando Malaquías 3:7-8 ¿En qué hemos de volvernos? 8¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Esta es la famosa motivación que usan para recaudar dinero, siembran temor en las personas diciéndoles que su situación económica actual, su salud o su situación personal actual depende de cómo está en sus diezmos para con Dios. La Santidad también es usada, Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Hebreos 12:14 exigen que las personas tienen que vivir apartadas del pecado por si mismas para ser santos, convierten las congregaciones en una competencia entre hermanos para ver quien se ve más santo, más puro y así poder enseñar a otros que son salvados por medio de su vida perfecta. Y si cada uno de nosotros no sabemos hacer la diferencia entre la Ley y el Evangelio y caemos en prácticas personales como les mencioné para hacer crecer el reino de Dios y estaríamos pecado contra el segundo mandamiento al usar mal el nombre de Dios al no hablar en su nombre sino en nombre propio como lo vemos en Mateo 15:9 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Y como todo pecado que cometemos, merecemos ser echados afuera en el horno consumidor que es el infierno eterno.

Jesús conoce muy bien el corazón del hombre y sabía muy bien cómo llegaríamos a confundir la Ley y el Evangelio dando prioridad a la predicación de la Ley para hacer crecer la iglesia. Necesitamos entender que la iglesia de la cual habla Dios en su Palabra es la que nosotros anunciamos en el credo “creo en la comunión de los santos”, está la conforman aquellos que habla Mateo A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Mateo 10:32, todo aquel que confiesa a Jesús como su Salvador pertenece a la iglesia y esta iglesia está en cualquier parte que se predique el evangelio y usa los sacramentos como el bautismo y la santa cena.

Nosotros pecamos contra el segundo mandamiento usando mal el nombre de Dios al decir que solamente por nuestros propios medios o predicando la ley fuertemente una persona puede llegar a la iglesia y quedarse allí y Jesús perfectamente usó el nombre de Dios predicando la doctrina del Evangelio, Jesús no le atribuyó al hombre el poder de hacer crecer la iglesia, una vez más, no estamos hablando de una congregación específica, estamos hablando de todos los creyentes como lo vemos en Hechos 2:47 Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. Esto es la iglesia invisible, El uso verdadero de  la ley a una persona es mostrarle que es un pecador y que no puede salvarse por sus propios medios, De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Gálatas 3:24, la palabra ayo quiere decir “instructor o guía” Dios quiere que usemos la predicación de la Ley para destrozar el orgullo del hombre y guiarlo hasta Cristo y es donde el mismo nos dice como es el poder del evangelio por medio de esta parábola 26Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. El reino de Dios no es uno terrenal, no se limita a un espacio o a un tiempo porque este existe por sí mismo en el corazón de las personas que son traídas por la predicación del Evangelio, cada vez que Cristo habla del reino de Dios, la actividad predominante de su vida, sus palabras tienen siempre algo que ver con la semilla, el evangelio que trae a los hombres a la fe en Cristo Jesús. Y aquí lo hace hablando del poder y lo digno de confianza que es el mensaje del evangelio. Todo cuanto hay que hacer, y de hecho, todo lo que se puede hacer, es sembrar la semilla y proclamar la palabra. Ningún campesino, cuando planta una semilla, comprende cómo es que crece; el poder está en la semilla. Así pasa con el evangelio, se siembra y brota; y posteriormente madura y se cosecha. Las palabras de Cristo llevan el eco de las de Isaías 55:11: “así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo cual la envié”. La recolección de los frutos incluye también la cosecha final, cuando toda la humanidad pueda ver todo el fruto maravilloso que el Señor produjo por medio de su palabra en este mundo de pecado. Pero aquí y ahora también se recoge lo sembrado en la vida de cada hijo de Dios en cuyo corazón la palabra ha echado raíces y ha crecido, hasta producir la fe que Dios usa una y otra vez para hacer que esta misma palabra llegue hasta otros. La cosecha no es obra del creyente, sino de Dios. Esta parábola reconfortó de modo muy especial a los apóstoles en el cumplimiento de la comisión que les dio Jesús. Algún tiempo después, el apóstol Pablo lo explicó de la siguiente manera en 1 Corintios 3:6, 7: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios; así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento”. No importa que haya ocasiones en que no veamos los resultados, de todas formas habrá cosecha, porque la semilla lleva en sí el poder de Dios. Debemos aclarar las palabras del versículo 28 donde leemos: “De por sí lleva fruto la tierra” Eso parece que le concede a la tierra (el corazón humano) cierto grado de participación o crédito; pero no es así, pues en el original griego realmente significan que el fruto se produce “como cosa natural”. El corazón de la persona es solamente el sitio donde tiene lugar el cambio que causa el poder que de por sí tiene la Palabra de Dios. De no ser de esta manera, estaríamos todos sin esperanzas, porque por naturaleza somos corruptos e impíos, y rechazamos la gracia divina. Es solamente Dios quien vence nuestra oposición y nos trae a la fe. El Espíritu Santo hace que nosotros prediquemos y enseñemos fielmente la palabra como Dios nos perdonó por medio de Jesús con su vida perfecta y aquí vemos como no pecó en contra del segundo mandamiento al llevar y usar el nombre de Dios perfectamente usando esta parábola y al morir para con su Sangre limpiarnos de nuestro pecado, 1 Juan 1:7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Y esta buena noticia es la que nos hace pertenecer a la iglesia.

Ahora que sabemos lo importante que creamos en el poder del Evangelio vamos a confiar solamente que el Espíritu Santo obra por medio de él en cada persona que les predicamos y Jesús muestra su poder con esta otra parábola, de la semilla de Mostaza hablándoles nuevamente de la predicación del evangelio, y lo hizo empezando por reconocer que, desde el punto de vista del mundo, el evangelio no parecía ser gran cosa. Se trataba de un reino sin territorio, sin ejércitos, y menos un rey majestuoso. Cuando Cristo proclamó la palabra, los líderes de la nación, los sacerdotes, los fariseos, los maestros de la ley, los adinerados saduceos, no lo siguieron. Muy al contrario, lo ridiculizaron, e indiscutiblemente esto a menudo inquietó a sus oyentes. Incluso, hasta los mismos apóstoles tuvieron ideas equivocadas, lo que demuestra cuánto necesitaban de ésta y de otras parábolas similares. El reino de Dios no es para ser evaluado según sus formas y aspectos exteriores. Sus comienzos en la era del Nuevo Testamento eran tan modestos que fueron casi invisibles. Pese a ello, Cristo continuó diciendo a sus discípulos: “No os preocupéis; los frutos eternos serán en verdad abundantes”. Esta es la parábola paralela de la semilla de mostaza, la más pequeña de todas las habitualmente plantadas, y la que se convierte en una de las hortalizas de mayor tamaño del jardín. Algunas veces alcanza alturas entre los dos y tres metros, lo suficiente como para que las aves se posen en ella usando su sombra. No podemos predecir el tamaño final del reino de Dios por el tamaño inicial de la semilla; el evangelio tiene un poder y una vitalidad extraordinarios. Marcos no dice que Jesús habló únicamente en parábolas, pero sí que siempre las empleaba al comunicarse con la gente. No debemos olvidar que sus oyentes disponían del Antiguo Testamento. Las parábolas le permitían a Cristo adecuar la enseñanza al nivel de comprensión de quienes le escuchaban y también porque el evangelio aún no se había consumado. Mientras esto no ocurriese, Jesús no podía hablar de una manera más clara. Pero hoy estamos aquí por ese poder del Espíritu Santo que nos congrega, y con ese mismo poder, que es su evangelio, vamos a predicarlo confiadamente y solo él hará que dé fruto y este fruto permanezca por los siglos de los siglos.

Amén.

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